MUELA 1.jpg

ANTI MONUMENTOS

Pablo Concha

P R Ó X I M A M E N T E

 

Pablo Concha es un artista  chileno que nació en 1984 a finales de la dictadura -uno de los regímenes militares de América Latina más extensos- que sirvió de calza para la instauración del neoliberalismo en la región-. Por una parte, Concha creció con los monumentos que el gobierno desplegaría como imposición del régimen y, por otra, sería testigo del voraz despliegue de estrategias neoliberales: los alimentos transgénicos y la industria de belleza sometida a valores de sociedades blancas impuestas a las culturas latinoamericanas.

Esta violencia simbólica, entre el terror de estado y la imposición del mercado, definirán las preocupaciones intelectuales de Pablo Concha. Encontrará en la escultura, en especial, el tallado en madera, las connotaciones simbólicas para incidir de manera crítica en un tiempo donde la naturaleza y la espiritualidad han sido sustituidas por el consumo y la cultura de la muerte: la destrucción de toda una cosmovisión del ser humano en relación con el Mundo para dar paso a la imposición de una cultura de explotación.

El origen de la talla de madera en las culturas antiguas tuvo un punto en común que fue espiritual, desde las esculturas medievales hasta las implicaciones contemporáneas de Jeff Koons. En ese sentido, la primera exposición individual de Pablo Concha en México puede ser vista como una especie de tótem neoliberal -descuartizado- en donde los elementos naturales son sustituidos y deconstruidos por elementos cotidianos de nuestra cultura actual: balones de  futbol intervenidos por machetes que hacen alusión, desde un matiz humorístico -característico de la obra de Concha- a la violencia heteropatriarcal: la competencia y la muerte.

Por otra parte, una cabeza de pollo, seguramente transgénica; piernas o muelas que irónicamente aluden con un especial sentido del humor a la industria de la belleza. A pesar de las diferencias formales de las esculturas de Concha, todas sus obras refieren a la violencia moderna de la prohibición y el deseo. Un problema psicoanalítico que ha desarrollado las sociedades manipulables por el consumo: lo sagrado ya no son los animales o las plantas, son aspiraciones y necesidades impuestas por un sistema que deshumaniza nuestra existencia en este planeta.

Heredero del humor de Dubuffet, Baselitz y Warhol, Pablo Concha, encontró su propio lenguaje en la historia latinoamericana, como lo es la explotación y el uso de recursos no renovables que definieron el siglo XX: el petróleo y sus derivados. Las esculturas que talla en troncos encontrados, es decir material reciclado; los interviene con pintura automotriz, develando la tensión que hay entre la culpa de pertenecer a un tiempo histórico y el deseo de ser todo lo contrario.

 

Por eso para Pablo Concha es importante el ritual como proceso artístico; recorrer los sitios que habita para rescatar las maderas con las cuales va a trabajar, tallarlas a partir de dibujos que realiza previamente para luego intervenir espacios públicos y disponer sus esculturas a manera irónica de la modernidad: imponiendo. Pero en cambio, Concha ofrece la posibilidad de apropiarse de esos antimonumentos que  nos recuerdan que no podemos callar espiritualmente y que el poder nos pertenece mas no debemos ser sometidos a éste.

 

Octavio Avendaño Trujillo - Curador