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La monarquía tuvo sus ociosos, la República tiene sus holgazanes

Curado por Octavio Avendaño

24 de mayo – 30 de agosto, 2018

Esta frase del escritor francés Víctor Hugo aparece en sus discursos políticos de la Cámara de los Pares y plantea, más que una metáfora, una problematización de la representación bajo el yugo del signo. El problema tiene que ver justamente en la manera en que aprehendemos el mundo, mayoritariamente a partir de preceptos de oposición que reducen el entendimiento a prejuicios que nada ayudan a enfrentarse con la cosa y, sobre todo, con las posibles interacciones que pueden existir con ella.

De ahí la importancia de la especificidad de la cosa porque en ella se revela más que sus cualidades, las diferencias que proyectamos ante el paradigma que nos presenta. Por eso es imperante huir de la facilidad del signo. La cosa nos reclama dejar de seguir lo estandarizado, la marca de lo asimilable; ¡el signo se ha convertido en un dispositivo ideológico! Y la ideología normaliza la cosa y la cosa se reduce a metáfora y la metáfora no representa: suplanta.

Así como los holgazanes suplantaron a los ociosos o los republicanos a los monárquicos; cuando en realidad la cosa es el trabajo y su interacción con el poder. La metáfora de Víctor Hugo desarticula la noción de esfuerzo y con ello la utopía de futuro, ese tiempo occidental que representaba en la modernidad un mejor mundo, una mejor humanidad: un futuro que nunca llegó.

Por eso la importancia de esta asamblea de artistas en la que se invoca a la diferencia como generadora de inflexiones críticas, no sólo del agenciamiento del objeto artístico sino dentro de su contexto ominoso que representa la actual vida política y social del país: las metáforas no nos alcanzan, los signos nos estorban, la normalización nos asesina. El futuro nunca llegará, el presente nos exige responsabilidad.

Octavio Avendaño